RAPIDITO NOS RETIRAMOS

Les cuento a los jóvenes lectores que hace 60 años la Semana Santa era un paréntesis en la vida cotidiana. No había clases, cierto, pero la gente no salía en estampida de vacaciones a las playas, montañas y balnearios.

La Semana Santa era un momento para retiros familiares en casa, para reflexionar sobre la Pasión de Jesús el nazareno; los padres más modernos llevaban a sus hijos al cine a ver películas como “Barrabas” o “¿Quo vadis?”, en la televisión se proyectaban película mexicanas -en blanco y negro- con temas similares como “El Mártir del Calvario” con Enríque Rambal o “Jesús de Nazareth” con Rita Macedo.

También era la culminación de la Cuaresma y por lo mismo de la sabrosa comida con platillos como las tortitas de camarón molido, nopalitos con chile y postres como torrejas y capirotada o arroz con leche.

El jueves era tradición visitar las Siete Casas.

Todavía en 2019 se pudo seguir esta tradición de los siete templos, comer pan ácimo y portar una pulsera de estambre morado.

Si se salía de vacaciones era común hacerlo a ciudades con gran apego a las tradiciones relilgiosas, como Guanajuato, San Luis Potosí o Taxco.

Hoy, les digo rapidito antes de comer pescado asado con agua de pepino, que una foto basta para mostrar en que se ha convertido la Semana Santa: miles de turistas aglomerados en las playas de Acapulco y otras playas mexicanas, sin cubre bocas, ni sana distancia, no traen gel antibacterial…

Ya me asusté, mejor me voy porque ahí viene la tercera ola.

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