RAPIDITIO QUE SE INCENDIÓ

La tragedia se manifestó con fuego el domingo por la tarde en Nurío, municipio purépecha de Paracho, Michoacán; la bellísima iglesia de Santiago Apostol se incendió, su belleza centenaria manifestada en bellísimas pinturas, fue consumida ante la impotencia de los vecinos.

Se salvó la joya colonial de la Capilla de Indios, dedicada a la Inmaculadad Concepción, pero… ¡qué tristeza!

Rapidito les cuento, antes de que otra cosa pase, que en la llamada meseta michoacana hay un conjunto de templos construidos entre los siglos XVI y XVIII, con fabulosos artesonados en vigas de madera con techos de tejamaniles donde los pintores purépechas interpretaron las Sagradas Escrituras. En la lista están Tupátaro, Cocucho, Pomacuarán y Zacán.

La dulzura de los artistas de los bosques, la paleta con azules, rojos y asmarillos maravillosos y la humildad de los conjuntos franciscanos y agustinos cautivan a los visitantes que llegan a estos pueblitos en las montañas y se enamoran de Michoacán, no hay otra opción, le ha pasado a mis alumnos cuando vamos de visita al estado de los lagos.

Se quemaron pinturas didácticas que los monjes encargaron a los purépechas, pero tambiuén se quemaron las huellas de la cultura mestiza, la belleza del arte colonial novohispano -único en el mundo- un techo barroco que tenía su propio sello.

Rapidito les digo que de nuevo estoy muy triste. Mejor me voy. Adíos.

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